miércoles, 27 de marzo de 2019

La memoria

μνάσεσθαί τινα φαμι καὶ ἕτερον ἀμμέων.
Safo de Lesbos (Fr. 147 L.-P. = 59 D.)

Barnard, Mary (trans.), Sappho: A New Translation, 1958 (Berkeley & Los Angeles, University of California Press):
 «You may forget but let me tell you this: someone in some future time will think of us»
Carson, Anne (trans.), If Not, Winter: Fragments of Sappho, 2003 (New York, Vintage Books):
«Someone will remember us, I say, even in another time»
Llabrés Ripoll, Maria Rosa (trad.), Safo. Cants, 2006 (Barcelona, La Magrana) [disponible aquí]:
 «Penso que algú altre encara es recordarà de nosaltres.»
Luque, Aurora (trad.), Safo. Poemas y testimonios, 2004 (Barcelona, Acantilado):
«Te aseguro que alguien se acordará de nosotras
 Powell, Jim (trans.), The Poetry of Sappho, 2007 (New York, Oxford University Press) [disponible aquí]: 
«I think that someone will remember us in another time»
Rodríguez Adrados, Francisco (trad.), Lírica griega arcaica. Poemas corales y monódicos, 700-300 a.C., 1980 (Madrid, Biblioteca Clásica Gredos):
«Pienso que algún otro va a recordarme...»
 Rodríguez Tobal, Juan Manuel (trad.), Safo. Poemas y fragmentos, 1990 (Madrid, Hiperión):
«Pero pienso que alguno aún me recordará...»
 Riba, Carles:
«Jo dic que en l'avenir encara algú es recordarà de nosaltres...»

domingo, 17 de marzo de 2019

Les dones de l'Odissea en la poesia de Mercè Rodoreda

Plany de Calipso

Jo veig la teva terra nua i roent, deserta,
vora la mar en fúria sota un penya-segat,
el teu palau de pedra com una boca oberta
i I'erm on brunz la vespa i on famejà el ramat.

Jo sóc allò que es deixa, allò que fuig i passa:
l'oreig entre les fulles, l'estel que ha desistit,
el doll que riu i plora i aquella tendra massa
dels xuclamels que aturen un instant més la nit.

T'he volgut meu per sempre, cansat de mar i onada,
segur en la meva carn, corba i mel exaltada,
estranger que t'entornes cap a la teva mort.

Ara voldria ésser lleó que juga i mata
o l'olivera immòbil en son furor retort,
pero al pit m'agonitza un escorpí escarlata.


Nausica

L'espatlla nua et lluu d'un raig de lluna encesa,
un àngel compadit resta prop teu fulgent,
en aquest mar desert com un desert d'argent
només un bleix de vent vetlla per tu, princesa.

El teu nom, com un plany, es perd de mica en mica,
serhs ben sola a dir-lo, cara al mar, dins la nit,
un sospir de ressaca te'l durà repetit,
irresistible i pur com tota tu, Nausica.

Dolc animal ferit pres en xarxa d'estrelles,
verda sang del teu cel, inútils meravelles
per als teus ulls que cerquen l'ombra que els ha deixat,

l'alta aurora cruel et posara en els bracos
un abisme d'enyor com un ocell cansat
dut per l'ona de sal que esborra els últims passos.


Penèlope

Em compta el temps la marinada amarga,
la mar amb son abominable crit!
La mel dintre la gerra s'ha espessit
i els brots que vas deixar fan ombra llarga.

Oh xaragall lluent! La seda blanca
serà la lluna de la meva nit;
l'arbre cairat, capcal del nostre llit,
estén encar un pensament de branca.

Esquerpa, sola tota fel i espina,
faig i desfaig l'absurda teranyina,
aranya allucinada del no-res.

Un deix d'amor arran de llavi puja
i mor com una lldgrima de pluja
al viu del darrer petal que ha malmès.


Ulisses en l'illa de Circe

En la barreja d'un folcat d'oprobi
ara ja sou sota rasposa pell
amb boques afuades en musell,
grinyoladissos al voltant de l'obi.

Haurà bastat, oh companyons, la quera
incessant de la fam, tota cabdell
pel laberint feréstec del budell,
la malvestat d'una deessa artera!

Que us valguin totes les viltats rebudes
quan sereu verticals sobre els peus rudes,
bracos capcats per les forcades mans!

En cims d'honor o en conca de servatge,
recomenceu amb pacient coratge
l'aventura difícil d'ésser humans.


#jollegeixo #poesiacatalana #diadelapoesiacatalanaainternet

jueves, 7 de marzo de 2019

La saña de los dioses

Homero, Odisea V, vv. 116-147:

Trad. J. M. Pabón, Biblioteca Clásica Gredos, 1982:

            Dijo así [Hermes], estremecióse Calipso, divina entre diosas,
y dejándose oír contestó con palabras aladas:
            «Sois sañudos, ¡oh dioses!, no hay ser que os iguale en envidia,
no sufrís a las diosas que yazgan abierta y lealmente
con mortales si alguno les place de esposo. Tal viose
cuando a Orión raptó Aurora de dedos de rosa: irritados
estuvisteis, ¡oh dioses de fácil vivir!, hasta el día
que en Ortigia la casta Artemisa, de trono de oro,
lo abatió disparando sus blandas saetas; y cuando
la de hermosos cabellos, Deméter, cediendo a su gusto,
se enlazó con Jasión en amor sobre el haz del barbecho
roto ya por tres surcos y Zeus, no más descubrirlos,
lo dejó muerto a él descargando su fúlgido rayo.
De ese modo ahora a mí me envidiáis el amor de ese hombre
que yo misma salvé cuando erraba señero a horcajadas
sobre un leño, pues Zeus con el rayo fulgente le había
destrozado el ligero bajel en mitad del purpúreo
oceano; perdidos sus buenos amigos, a él solo
arrastrado a estas playas trajeron las olas y el viento;
yo acogida y sustento le di y entre mí meditaba
el hacerlo inmortal, de vejez eximido por siempre;
mas, pues orden de Zeus que embraza la égida nunca
la podrá quebrantar ningún dios ni dejarla incumplida,
marche luego ese hombre si aquél le compele y le lanza
por el mar infecundo; mas no seré yo quien le envíe,
pues no tengo ni naves con remos ni amigos que ayuden
su camino en el dorso gigante del mar. Mis consejos
le daré, sin embargo, propicia, ni habré de encubrirle
cosa alguna que sirva al arribo feliz a la tierra
de sus padres.» Entonces repuso el heraldo Argifonte:
«Deja, pues, que se parta y evita las iras de Zeus;
que no quede de hoy más enojado contigo.»


Trad. Carlos García Gual, Alianza Editorial, 2004:

Así habló [Hermes], y estremeciose Calipso, la divina entre las diosas. Y tomando la palabra le replicó estas palabras aladas:
«Sois crueles, dioses, envidiosos en extremo de otros, y os irritáis contra las diosas que se acuestan con hombres sin reparos, cuando alguna hace a uno compañero de lecho. Así cuando la aurora de rosáceos dedos raptó a Orión, entonces tanto os irritasteis los dioses de fácil vida contra ella que al cabo lo mató en Ortigia la santa Ártemis, asaeteándolo con sus suaves flechas. Así cuando Deméter de hermosas trenzas, cediendo a su pasión, compartió su amor y su lecho con Jasión en la gleba labrada tres veces, no tardó en enterarse Zeus, que lo mató asaeteándolo con un fulgente rayo. Así ahora, de nuevo, os irritáis conmigo, dioses, porque conviva con un hombre mortal.
»A él yo lo salvé, cuando, subido sobre la quilla, solitario vagaba después de que Zeus golpeando su rauda nave con el fulgente rayo la quebró en medio del ponto vinoso. Allí entonces perecieron todos sus otros compañeros, pero a él hasta aquí lo arrastraron el vendaval y el oleaje. Yo lo trataba con cariño y lo cuidaba, e incluso le propuse hacerlo inmortal e inmune a la vejez para siempre.
»Pero, puesto que de ningún modo es posible a otro dios esquivar e incumplir el designio de Zeus portador de la égida, que se vaya, ya que él me lo manda y ordena, por el mar estéril. Pero yo no puedo transportarlo a otra parte. No tengo en mi casa ni naves ni compañeros que puedan escoltarlo sobre el ancho lomo del mar.
»No obstante, le aconsejaré benévola y nada le ocultaré, a fin de que sin grandes daños alcance su tierra patria».
A ella le contestó el mensajero Argifonte:
«Despídele ahora así, y evita la cólera de Zeus, no sea que te guarde rencor y sea luego duro contigo».
  

▪ Albert Severyns, Les dieux d’Homère, 1966, p. 108:

«C’est le discours passionné d’une déesse éprise à qui l’on arrache de force celui qu’elle aime. Mais un lecteur moderne se défend mal contre l’impression d’entendre en contrepoint une autre voix, pareille à une protestation, celle de la femme oppressée dans une société où l’homme a le monopole de se choisir un amour.»

"Es éste el discurso apasionado de una diosa enamorada a quien le han arrebatado por la fuerza a quien ama. Pero un lector moderno se defiende mal contra la impresión de escuchar paralelamente otra voz, idéntica a una queja, sobre la mujer oprimida donde el hombre tiene el monopolio de elegirse un amor" [trad. propia].     


lunes, 4 de febrero de 2019

El silencio de las sirenas

El silencio de las sirenas

Franz Kafka

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Fuentes:
  
El silencio de las sirenas, en Ciudad Seva 
El silenci de les sirenes, en De Troia a Ítaca

sábado, 20 de octubre de 2018

El lugar de lo sagrado es oscuro

C.S. Lewis, Mientras no tengamos rostro, 1955 (Till we have faces, trad. castellana de Luis Magrinyá):      
     "Declaro que los dioses nos tratan sin ninguna justicia. Porque ni quieren abandonarnos (que sería lo mejor) y dejarnos vivir en paz nuestros breves días, ni quieren tampoco manifestarse abiertamente diciéndonos lo que de nosotros quieren. Porque hasta eso sería soportable. Pero plantar indicios que luego dejan en suspenso, acercarse a nosotros mediante sueños y oráculos, o en la vigilia, en una visión que se esfuma apenas vista, guardar un silencio de muerte ante nuestras preguntas y luego, sin sobresaltos, sin vacilaciones, susurrarnos al oído (palabras que no podemos entender) cuando más libres queremos vernos de ellos, y mostrar a uno lo que al otro ocultan… ¿qué es todo esto sino el juego del ratón y el gato, el de la gallinita ciega, o un puro juego de manos? ¿Por qué tienen que ser oscuros lugares los sagrados lugares? 
     Declaro, por todo ello, que no hay para el hombre criatura (sapo, serpiente o escorpión) más dañina que los dioses. Que repliquen, si pueden, a esta acusación. Quizá, en vez de eso, me vuelvan loca, o leprosa, me conviertan en animal, pájaro o árbol. Pero, entonces, ¿no va a saber todo el mundo (y no van a saber los dioses que el mundo sabe) que es porque nada tienen que alegar?"